La soga (1948)

Esta vez Hitchcock nos demuestra lo poco que necesita para crear una película memorable. Un único plano, el del apartamento dónde se ha cometido un crimen y donde se celebra una fiesta. Un escenario teatral, donde todo trascurre en una sola noche. "La soga" no hace más que confirmar que estamos ante un creador de tendencias, ante un verdadero innovador detrás de las cámaras.

Todo comienza, una vez más en el universo "hitchconiano", con un asesinato: dos compañeros de universidad que asesinan a un tercero con el único objetivo de demostrar que el crimen perfecto es posible. Esa misma noche celebran una fiesta en la misma habitación donde tienen escondido el cadáver. Pero la presencia del sagaz profesor Rupert Cadell (maravilloso James Stewart) pondrá a prueba los nervios de los asesinos y el éxito del plan.

El hecho de que toda la cinta esté rodada en único plano, en una misma habitación y que todo ocurra en una sola noche hacen de "La soga" una película extremadamente original. Si a ello añadimos unos diálogos inteligentes, cargados de tensión y de nervio, y unos actores espléndidos ya tenemos otra irrepetible historia del maestro del suspense. Todo un ejercicio de estilo.

Se hace muy corta, ya que el argumento te atrapa irremediablemente. También a destacar la fotografía y la luz de las imágenes, que recuerdan a otra obra maestra del director inglés como es "La ventana indiscreta".

Película totalmente diferente, cargada de ritmo y suspense (la palabra más repetida al hablar de Hitchcock), que desborda talento, tanto de los actores como tras las cámaras.

PUNTUACIÓN: 8

ToLo


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