lunes, 22 de agosto de 2011

A 23 pasos de Baker Street (1956)

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Una alegría para los sentidos tras tanto bodrio veraniego.
Podría resumirse como cinta de intriga clásica, y aunque tiene poco que ver con lo que el título evoca, lo que después encontraran los espectadores que se atrevan con este clásico no los decepcionará.
Un dramaturgo ciego, escucha durante una noche en un bar, una conversación, que le hace pensar que se cometerá una fechoría.
Como la policía no lo toma en serio, decide iniciar la investigación por su propia cuenta, con la ayuda de su criado (aquí la similitud con Sherlock) y una antigua novia.
Recuerda en muchos elementos a la ventana indiscreta, solo que los sentidos que faltan en este caso no es el de la movilidad sino la vista.
Bastante interesante es la lucha del protagonista con el mundo, su enfado por haber perdido la visión y como los que se encuentran a su alrededor pagan la frustación.
Los actores, defienden mas que dignamente su papel, la chica, es Vera Milles, una gran dama entre los clásicos aunque no es quien lleva la carga de la cinta.
Las nieblas londineses que envuelven la atmosfera son al más puro estilo sherlock, así que en gran medida ya me ha ganado.
A tener en cuenta, el momento en que el ayudante-criado traslada a su jefe lo que ha descubierto tras una tarde de persecución, sin querer ser gracioso, no forzado despierta la sonrisa en el cinevidente.
He de hace una alusión al otra cinta, bastante posterior a la que nos atañe en este momento. Sola en la oscuridad, el clásico de A. Hepburn, en su final es una copia de ésta. 
Por estas razones, por la capacidad de sorprenderme, y de cumplir 55 años sin perder un ápice de intriga, mi puntuacion es un 7,75

Kela.

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